28/11/2025 09:50:19
Por: Prof. Ornella Ramonda
En nuestro presente se suceden diversos reclamos y polémicas por las falencias de las instituciones del Estado a la hora de resolver problemáticas de diversa índole (políticas, económicas, sociales, etc.). Frente a esta situación vemos como la ciudadanía pone en discusión la legitimidad del Estado (y sus instituciones) pero no su existencia.
Vemos muchos reclamos y discusiones por los problemas que tienen las instituciones del Estado para resolver cuestiones políticas, económicas o sociales. Ante esto, la ciudadanía cuestiona la forma en que el Estado funciona, aunque no pide que deje de existir. Ese Estado que parece algo inmutable, eterno y cerrado, en realidad es una creación histórica y social, construida por las personas a lo largo del tiempo. En esa construcción, las distintas maneras en que se forman nuestras ideas y comportamientos —lo que llamamos tecnologías de la subjetividad— tienen un papel muy importante, porque influyen en que aceptemos al Estado y sus reglas. Para entender mejor esto, vamos a poner en diálogo a tres autores: Godelier, O’Donnell y Bourdieu.
Como bien describe Godelier la relación de dominación se basa en dos condiciones: la fuerza y el consentimiento. El consentimiento nunca es espontáneo, sino que es el resultado de una cultura, de una formación del individuo. El consentimiento o el control ideológico es el más importante porque el dominado asume como justa y natural la relación asimétrica de la que es parte y no la entiende ni cuestiona como dominación, es decir, la cree legítima. Partiendo de que el Estado y la sociedad son parte de una relación en la que se constituyen de manera recíproca, O’Donell plantea tres mediaciones que nos permiten vislumbrar como los sujetos internalizan la dominación: en primer lugar, “la ciudadanía” que es la más formal, implica que los sujetos se piensen como poseedores de derechos y a través del ejercicio del voto avalan el orden político. En segundo lugar, encontramos “la Nación”, donde el estado proyecta ideología en la totalidad de su magnitud, es un arco que une a toda la sociedad y que folcloriza las diferencias de clases. Y en tercer lugar, “el pueblo” se construye por oposición dejando a un lado a la oligarquía y a lo antipopular, es decir, no es abarcativo.
Por otro lado, Bourdieu en sintonía con estos autores sostiene que el estado además de encarnarse en estructuras objetivas (instituciones) se instala también en estructuras subjetivas, es decir, bajo la forma de categorías de percepción y de pensamiento. La forma en la que pensamos el mundo y el propio estado, son creaciones que están dentro del patrón estatal, tratándose de mentes estatizadas. Construye un habitus que genera consenso y a través del cual el estado no tiene la necesidad de ejercer la coerción física constantemente.
Estas ideas propuestas por los autores funcionan como disparadores para combatir el sentido común ejercido de manera hiperbólica por las sociedades contemporáneas. En los tiempos que corren, donde la función del estado está siempre en el ojo de la tormenta resulta necesario ir en contra del sentido común.
La historia nos permite vislumbrar formas de organización distintas a la estatal. Como señala Pierre Clastres en su trabajo (La sociedad contra el Estado), las sociedades primitivas carecían de estado, no por incapacidad ni atraso, sino porque rechazaban la obediencia y el deseo de sumisión. Entonces si el estado es una construcción ¿Por qué no organizarse de maneras alternativas? ¿Resulta viable la vida en sociedad sin el aparato del estado? ¿Es posible un mundo mas igualitario en una organización horizontal?
El mundo no está congelado, sino que nosotros lo congelamos con nuestra práctica. Una sociedad que no puede escapar de si, no tiene la posibilidad de pensar otros caminos posibles de organización que se solventen sobre la autonomía, libertad e igualdad. Aunque muchos lo tilden de fantasioso inclusive peligroso es condición sine qua non romper los cercos mentales que impiden pensar lo impensable, lo inimaginable de la política: abolir el poder jerárquico.
Escribe @orne.ramonda
Bibliografia:
Bourdieu, Pierre, “Espíritus de estado: génesis y estructura del campo burocrático”, en Actes de la Recherche en Sciencies Sociales, número 96-97, marzo 1993.
Godelier, Maurice, “Procesos de constitución, la diversidad y las bases del Estado”, en Revista Internacional de Ciencias Sociales, UNESCO, Paris, Vol. XXXLL, N° 4, 1980.
O´Donnell, Guillermo, “Apuntes para una teoría del Estado”, en Oszlak, Oscar (comp.) Teoría de la burocracia estatal: enfoques críticos, Buenos Aires, Paidós, 1982.
Pintura: "El consejo de los dioses" - Rafael Sanzio (1518)