Dorrego, "el padre de los pobrecitos"

13/12/2025 22:16:20
Escribe: Lic. José López

Un sábado 13 de diciembre del año 1828, era fusilado el Coronel Manuel Dorrego. Antes del momento, escribió estas palabras para su esposa:  “Mi querida Angelita: en este momento me intiman que dentro de una hora debo morir; ignoro por qué; más la providencia divina, en la cual confío en este momento crítico, así lo ha querido. Perdono a todos mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido por mí. Mi vida, educa a esas amables criaturas, sé feliz, ya que no lo has podido ser en compañía del desgraciado. - Manuel Dorrego.”

INTRODUCCIÓN

Manuel Críspulo Bernabé Dorrego ocupa un lugar singular en la historia política rioplatense. Impetuoso, contradictorio, carismático y profundamente plebeyo en su sensibilidad, fue uno de los primeros dirigentes en articular un federalismo popular que desbordaba los márgenes de la élite porteña. Su figura aparece atravesada por tensiones entre proyecto nacional, autonomía provincial, guerra internacional, disputa por la representatividad y conflictos ideológicos con quienes luego serían actores centrales de la historia argentina: Bernardino Rivadavia y Juan Manuel de Rosas.
 
Historiadores como José Luis Busaniche, Tulio Halperín Donghi, Enrique Barba, José María Rosa, Norberto Galasso y Félix Luna han ofrecido interpretaciones muy diversas sobre Dorrego: para unos un “demagogo turbulento”; para otros, uno de los primeros defensores de las masas populares; para otros, víctima de un “crimen político” que selló el destino del país.
 
ORÍGENES Y FORMACIÓN DE UN DIRIGENTE POPULAR
 
Nacido en 1787 en Buenos Aires en el seno de una familia de comerciantes de origen portugués, Dorrego estudió en el Colegio de San Carlos y luego en la Universidad de Chuquisaca, donde entró en contacto con ideas reformistas y republicanas. Según Halperín Donghi, en Chuquisaca “Dorrego incorporó un radicalismo republicano poco común entre los jóvenes porteños de su generación” (Revolución y guerra, 1972).
 
Su participación en las invasiones inglesas y luego en la Revolución de Mayo lo colocaron en el centro de la vida política nacional. De personalidad vehemente, chocó pronto con figuras como Mariano Moreno y especialmente con el orden militar porteño. Dorrego fue visto desde temprano como un personaje “molesto”. El historiador Enrique Barba señala que “su estilo directo y desafiante le granjeó animadversiones tanto en el Ejército como en el Cabildo” (Dorrego: Perfil de un caudillo, 1958).
 
Su expulsión al exilio en 1816 por indisciplina militar —después del conflicto con Manuel Belgrano— lo marcó políticamente. Allí comenzó a perfilarse el Dorrego opositor al centralismo, defensor de autonomías provinciales y sensible al reclamo de los sectores populares.
 
DORREGO Y EL BAJO PUEBLO: UNA RELACIÓN FUNDANTE
 
El “bajo pueblo” —negros libertos, mulatos, artesanos, peones, pequeños comerciantes— encontró en Dorrego un vocero inusual. Norberto Galasso afirma que “Dorrego fue el primer dirigente porteño que hizo del plebeyismo bandera política” (Dorrego, la otra historia, 1998). En sus escritos de 1816 y 1820, Dorrego criticaba la concentración de poder, la desigualdad económica y la falta de representatividad real del pueblo. Su estilo directo contrastaba con el racionalismo ilustrado de la élite rivadaviana.
 
Dorrego vestía con sencillez, hablaba en un lenguaje llano y mostraba cercanía con los sectores populares. Cuando fue gobernador en 1827, su despacho estaba “siempre lleno de paisanos”, según relata el coronel Manuel de Olazábal en sus memorias. Su defensa de la milicia popular y su rechazo a un ejército profesionalizado y elitista lo acercó más aún a esas capas sociales. En palabras de José María Rosa: “El pueblo se sintió por primera vez representado por uno de los suyos” (Historia Argentina, Tomo IV).
 
La élite porteña temía lo que consideraba “demagogia federal”. Para los publicistas unitarios, Dorrego era un agitador que “incitaba al desorden popular”. Félix Luna observa que “el desprecio de la clase alta por Dorrego fue un componente clave en el clima político que posibilitó su fusilamiento” (Soy Roca, 1989).
 
LA RELACIÓN CON RIVADAVIA: PROYECTOS DE PAÍS EN CONFLICTO
 
Si hay una rivalidad estructural en la política rioplatense de los años 1820 es la que enfrenta a Dorrego con Bernardino Rivadavia. Representaban dos visiones incompatibles:
 
Rivadavia: Centralismo porteño, gobierno fuerte, unitario y modernizador, economía orientada al comercio global, reforma liberal y europeizante, élite ilustrada.
 
Dorrego: Federalismo, autonomías provinciales, defensa de economías regionales, tradicionalismo popular, plebeyismo político.
 
Ricardo Levene señala que la disputa entre ambos “expresa la tensión entre el proyecto portuario cosmopolita y un proyecto más ligado a la sociedad criolla” (Historia de la Nación Argentina, 1940). Durante el gobierno rivadaviano (1826 - 1827), Dorrego se convirtió en uno de los opositores más vocales. Denunció: - El excesivo poder del presidente. - La imposición de la Constitución unitaria de 1826. - El endeudamiento externo con la Baring Brothers. - La conducción de la guerra contra Brasil. En el Registro Oficial, Dorrego calificó a la Constitución unitaria como “una carta contra la voluntad de los pueblos”.
 
Mientras Dorrego se acercaba al pueblo, Rivadavia representaba a la élite. Halperín Donghi subraya que “la rivalidad entre ambos es el primer gran enfrentamiento social de la Argentina moderna” (1972). La caída de Rivadavia en 1827 dejó a Dorrego como figura central del federalismo porteño.
 
DORREGO ANTE LA GUERRA DEL BRASIL
 
La guerra con el Imperio del Brasil (1825 - 1828) fue decisiva para la política rioplatense. Dorrego sostenía que: - El conflicto era costoso e inconducente. - No existía un plan militar claro. - Brasil tenía más recursos para un conflicto prolongado. - El Litoral argentino sería el principal perjudicado. En el Parlamento, acusó al gobierno unitario de “llevar al país a una guerra absurda”. Cuando asumió como gobernador en agosto de 1827, Dorrego recibió un país exhausto y sin recursos. Su prioridad fue negociar la paz. Su postura coincidía con la de Juan Manuel de Rosas, quien en una carta de 1827 sostenía que “la continuación de la guerra solo traerá ruina a los pueblos del litoral”.
 
El Tratado Preliminar de Paz de 1828 —que permitió la independencia de la Banda Oriental como Uruguay— fue rechazado por los unitarios, quienes lo consideraron una “humillación”. Para Dorrego, era la única salida posible. Como dijo Norberto Galasso: “Dorrego no perdió la guerra: la guerra ya estaba perdida cuando él llegó al gobierno”. La paz fue utilizada por Lavalle y el partido unitario como argumento para su derrocamiento y posterior fusilamiento.
 
LA RELACIÓN ENTRE DORREGO Y JUAN MANUEL DE ROSAS
 
La relación entre Dorrego y Rosas fue compleja. Rosas, joven estanciero, ya era un dirigente social influyente en la campaña bonaerense. Ambos compartían: - Federalismo. - Base social en sectores populares y rurales. - Rechazo al centralismo unitario.
 
Pero Rosas desconfiaba del estilo vehemente e imprevisible de Dorrego. José María Rosa señala: “Rosas respetaba la valentía de Dorrego, pero lo creía inconstante” (1964). Sin embargo, en 1827 Rosas apoyó la elección de Dorrego como gobernador y lo respaldó frente a los unitarios. Fue Rosas quien organizó, junto a Estanislao Soler y los caudillos rurales, la resistencia federal que enfrentó al golpe de Lavalle. El fusilamiento de Dorrego en Navarro (13 de diciembre de 1828) transformó radicalmente a Rosas.
 
Para el propio Rosas: “El asesinato del coronel Dorrego cerró toda posibilidad de concordia nacional”. Halperín Donghi afirma que la muerte de Dorrego “convirtió a Rosas en heredero obligado del federalismo popular” (1972). La causa dorreguista se convirtió en bandera del posterior rosismo.
 
EL FUSILAMIENTO Y SU IMPACTO HISTÓRICO
 
El fusilamiento ordenado por Juan Lavalle —sin juicio, sin consulta y con absoluta ilegalidad— fue uno de los hechos más debatidos de la historia argentina. Tulio Ortiz escribe: “La muerte de Dorrego es el origen del largo ciclo de guerras civiles argentinas” (Ensayos federales, 1954). Incluso historiadores liberales como Ricardo Levene lo califican de “acto precipitado e injustificable”.
 
Las consecuencias políticas inmediatas: - Derrotó a Lavalle ante la opinión pública. - Unificó al federalismo. - Dio a Rosas una legitimidad inesperada. - Inició un ciclo de violencia política que se extendió décadas.
 
La construcción del mito dorreguista tuvo aristas: para el federalismo, Dorrego se convirtió en mártir; y para el unitarismo, durante años fue tratado como agitador populista. A partir del revisionismo del siglo XX, emergió como símbolo de federalismo democrático.
 
RELECTURAS HISTORIOGRÁFICAS

Historiografía liberal (Levene, Mitre): Suele ver a Dorrego como: - Un caudillo sin programa coherente. - Impulsivo y peligroso para el orden institucional. - Inferior intelectualmente a Rivadavia. 
 
Historiografía revisionista (Rosa, Galasso): Lo considera: - Primer representante de las masas urbanas y rurales. - Víctima de un golpe oligárquico. - Antecedente del federalismo popular del siglo XIX.
 
Enfoques contemporáneos: Historiadores como Halperín Donghi o Jorge Myers lo ven como un actor clave en la politización popular y en la transición del orden colonial a la república moderna.
 
CONCLUSIÓN
 
Manuel Dorrego fue, en apenas cuarenta años de vida, protagonista de: - La politización del “bajo pueblo”. - La primera gran alternativa federal al proyecto unitario. - La defensa de la autonomía provincial frente al centralismo porteño. - El intento de resolver un conflicto bélico ruinoso. - Un estilo político que anticipó formas posteriores del federalismo popular.
 
Su muerte, resultado de una combinación de rivalidades ideológicas, intereses económicos y odios personales, marcó el inicio de un prolongado ciclo de guerras civiles. Rosas heredó —con modificaciones profundas— su base social. Rivadavia representó su antagonismo más nítido. Y el pueblo llano convirtió su figura en mito. Dorrego no fue únicamente un militar impulsivo. Fue, sobre todo, un político que encarnó una de las primeras experiencias de democracia plebeya en el Río de la Plata.