The Who, realpolitik en el Rock & Roll

16/12/2025 17:20:05
Música, rebeldía y política en las letras de una banda de Rock que supo leer su tiempo. Juan Cruz Aimar propone una lectura histórica y política del mensaje de The Who.

El 3 de diciembre se cumplieron 60 años del lanzamiento de My generation, el álbum debut de la icónica banda inglesa The Who. Y aunque su lugar en la historia del rock no puede pasar desapercibido para los melómanos, es corriente que se destaquen su potencia musical o sus presentaciones en vivo en detrimento de sus letras.
 
Muchos no lo saben, pero The Who es más que el rugido de Roger Daltrey, la batería demoledora de Keith Moon, los riffs de Pete Townshend o el groove insuperable de John Entwistle. Estos músicos ingleses inauguraron algunas de las facetas más reconocidas del rockstar: presentaciones en vivo tan potentes como accidentadas, una vida de excesos y la destrucción de los instrumentos y los hoteles donde se alojaban. Sólo para poner un ejemplo, en su primera presentación en la televisión estadounidense, tuvieron la genial idea de esconder explosivos en la batería y destrozar una guitarra. Este gesto no sólo desafió la imagen de los impolutos Beatles de entonces, sino que presentó a estos nuevos artistas ingleses como figuras salvajes con un mensaje radical. La destrucción era un llamado a la rebeldía y, al mismo tiempo, una postura artística que ha sido imitada hasta el hartazgo con el correr de los años en un vacío simbólico.

Pero más allá de su música y su comportamiento arriba y abajo del escenario, The Who tenía algo para decir, y de eso se tratan estas líneas, de lo que significaron sus letras entonces y lo que pueden significar hoy. Comencemos con su primer éxito, My generation que le da nombre al álbum mencionado al principio, un himno ensordecedor sobre la rebeldía adolescente de unos baby boomers que querían sacudir el mundo; un mensaje transversal que llamaba a actuar, a no callar, a tomar el futuro en sus propias manos; una canción que ha sido interpretada en casi todas las generaciones posteriores de manera infructuosa, por la sencilla razón de que el contexto no era el mismo.

Pocos años después, los discos comenzaron a tener una profundidad inusitada tanto para la banda como para la escena musical. Tommy, la primera ópera rock popular, aborda desde problemas generacionales complejos, como la niñez de los hijos de la Segunda Guerra Mundial, hasta temas delicados, ajenos al rock de entonces, como el abuso infantil. Además, puede considerarse una pionera en el estudio de la adicción a los videojuegos, y contiene también una crítica aguda a las modas teológicas y los nuevos profetas. 

Su otra ópera rock, Quadrophenia, vuelve sobre la adolescencia de los baby boomers y es una pieza magistral sobre las subculturas urbanas como los mods y rockers, al tiempo que trabaja temas como la depresión, el vacío existencial, el consumismo y el abuso de drogas y psicofármacos. Todo esto, claro, marinado con piezas musicales exquisitas, repletas de arreglos, voces y sonidos tan elegantes como potentes.

En medio de estos discos, los ingleses lanzaron Who’s Next, sobre la base de otra ópera (Lifehouse). Este disco comienza con una de las canciones de rock más emblemáticas (Baba O'Riley) y contiene himnos como Behind Blue Eyes, Bargain y Won’t get fooled again. Baba O’Riley también trata sobre el nihilismo, ese teenage wasteland que puede traducirse como desierto, yermo o desperdicio adolescente. Sin embargo, en materia política Won’t get fooled again es la cita obligada. Las estrofas iniciales de esta canción sitúan a los músicos como partícipes de una revolución genuina (we'll be fighting in the streets, with our children at our feet and the morals that they worship will be gone), una revolución que triunfa y que culmina con el dictado de una nueva constitución.
 
No obstante, en la tercera estrofa ya se advierte que estos acontecimientos no provocaron ningún cambio real: but the world looks just the same, and history ain't changed. Sigue luego un pasaje político explícito: quienes eran de izquierda ahora son de derecha, lo único que cambió fueron los eslóganes. Por eso el grito que atraviesa a la canción y le da nombre es “no seremos engañados de nuevo” o “no nos engañarán de nuevo” (we don't get fooled again).

Won’t get fooled again fue escrita y grabada en 1971, época en que autores de diversas disciplinas sitúan el germen del neoliberalismo, y se presenta así como una lectura muy particular del fracaso de las revoluciones progresistas en que habían tomado parte sus congéneres y, por qué no, ellos mismos, como el Mayo Francés, el hippismo y los movimientos de izquierda latinoamericanos. Este canto al nihilismo vaticina algo que será patente recién en los noventa o dos mil, que el neoliberalismo había triunfado aunque el partido gobernante se llamara socialdemócrata. Escepticismo inglés, nihilismo político o realpolitik, lo cierto es que más de cincuenta años después, el “no dejarse engañar” parece un síntoma de época. Y es que la última gran crisis (2008), culminó con el rescate de los bancos por parte de los gobiernos, incluido el del revolucionario Barack Obama. 

La pregunta que nos queda es si los adolescentes de la actualidad que todavía creen en la posibilidad de cambiar las cosas han sucumbido ante este síntoma, si lograrán el cambio ansiado o si terminarán lamentándose del engaño. Hablamos sobre todo de aquellos que apoyan las nuevas revoluciones de la derecha encabezadas por Trump, Meloni o Milei. Porque es cierto que no están peleando en las calles y que, en su mayoría, se trata de jóvenes sin pareja ni hijos, pero lo cierto es que están dando su batalla en otra arena pública, una que ha tomado por asalto a ciertos intelectuales y a los opinólogos de siempre: internet. ¿Podrán hacer grande a Estados Unidos de nuevo? ¿Lograrán derrocar a la casta argentina? ¿O, al final de cuentas, sólo habrá un cambio de nombres en la administración de la granja, como anticiparon George Orwell o, años antes, Vilfredo Pareto? Por el momento, todo parece encaminarse hacia el escenario del engaño y The Who se quedará con la última palabra.

A modo de cierre, para matizar este halo de escepticismo y enfrentar a tanto profeta del posmodernismo paralizante, podemos quedarnos con un último mensaje de esperanza de la mano de otra canción icónica de The Who, Love, Reign O'er Me, un llamado desgarrador al amor fraterno en la espesa niebla del nihilismo que estamos atravesando. Quizás, al final, no todo está perdido, solo debemos seguir buscando las respuestas. 

       Escribe: Juan Cruz Ara Aimar
                      @juanaraaimar