Palabras de amor a Rosalía.
Por: Agustín Peanovich.
Así volvió el Espíritu Santo al cuerpo de Rosalía y habló.
Así arrojó su última obra en la miseria del mundo. Un mundo que se desgrana y un puñado de personas intentan reconstruirlo.
Primero el mundo, y después Dios, el que pueda vivir entre los dos y amar a ambos, será el nuevo ser que traerá salvación. Amar la casa, la tierra y amar al cielo, a Dios, así se detendrá la disputa entre la tierra del pecado y el reino de los cielos de lo perfecto, una fusión pesadamente lenta. El humano, responsable primero, amará su casa, la materia principal, al mismo tiempo amará a Dios, vivirá entre los dos, llegarán los últimos conflictos para salvar las verdades. Primero amar al mundo y que éste, no esté escindido del amor a Dios. Ser todo uno con amor puro. Connivencia ante las inmensidades.
Entran los violines, los chelos y los pianos, empieza a sonar una orquesta que invita al movimiento ya dar el corazón antes que nada. Primero el corazón, después uno.
Rosalía se convierte en lo que siente. Y su amor a Cristo la subsume, se acompañan. Se cansó de traicionarse.
La reliquia ahora es el humano y su conciencia, lo último que queda. Conservamos los vestigios del pasado pero necesitamos un mundo nuevo, rehabitar con la verdad. Negar el mundo, volver a parir, volver a poblarlo, ver nacer, Rosalía quisiera, un mundo nuevo. ¿Es Dios quien nos habla? Dios hará la intervención divina hasta que lo queramos. Todo está dentro del plan divino, nadie escapará. Y nosotros con la nueva acción, desde la pureza, desde la Lux en la que se funda la autenticidad del ser: cambiaremos el mundo, lo transformaremos en un algo nuevo, pero mejor. Rosalía confirma con su último lanzamiento que a veces hay que detenerse, estudiar, para resplandecer. Seremos así reliquias que influencian.
Su voz como instrumento lírico de mayor poderío, limpia nuestros oídos y esclarece los pensamientos. Es el discernimiento que se produce. Nos libramos de la miseria de este mundo mientras la obra transcurre, todo se ejecuta afín de un mensaje cristalizador, amar en lo concreto desde las pequeñas cosas hasta la omnipresencia de Cristo.
Rosalía viene a decir “estos son mis principios” a decir, “esto es una obra”; “Esto es una disco”. Ante tanta profusión, tanta inmediatez, en un mundo precoz, ella se subsume a la obra de arte que quiere ejecutar. Hay canciones que se pueden considerar de transición, aunque portan el espesor necesario, para que las composiciones se sujeten a la obra en general.
Flamenco, cuerda, electrónica, lenguaje. Presencia, fraseo, luz, salida. Coro, poema, pecado, memoria. Perdón y cambio. Porcelana, amor y melodía. Piano, magnolia, muerte. Regreso y gloria. Todo sujeto a un plan: reunir lo perdido.
Así habló el Espíritu Santo en Rosalía frente a una multitud y se retiró a la cima de la montaña. O quién sabe quién sí, se fue al fondo de los mares, con los delfines saltando, saliendo y entrando.