18/02/2026 18:51:48
Por: Camila Giacone.
Desde que fuere consagrado por Domingo Faustino Sarmiento al lugar de arquetipo de la barbarie rural que amenaza la civilización, encarnada en las ciudades, Facundo Quiroga ha sido una de las figuras más controvertidas del siglo XIX rioplatense. Si el Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas no tuvo entonces pretensiones historiográficas – pues la práctica de historiar lejos estaba de ser una práctica política reglada y desvinculada de ciertas multas–, la interpretación por él esbozada respecto al rol de los caudillos en la historia nacional y la imagen por él construida en torno a Quiroga tendrían larga pregnancia en los debates respecto del pasado nacional, muchos de los cuáles se suscitarían cuando la Historia como campo profesionalizado del saber ya había comenzado a emerger.
Esos debates giraron sobre un tema ya delineado por Sarmiento en ese escrito temprano: el del papel de éstos en el proceso de organización nacional. Si para el sanjuanino la barbarie de los caudillos fue la traba que, impidiendo la definitiva unidad nacional, obstaculizó la entrada del país en la modernidad política y en una senda de progreso económico; para otros que lo sucedieron los caudillos representaron la piedra angular de la organización nacional bajo principios federales.
Dentro de esta última postura podemos ubicar la lectura que elaboró David Peña en 1906. Éste, en un gesto claramente polémico, publicará Juan Facundo Quiroga, en el cual utilizará la figura del “Tigre de los Llanos” para discutir no sólo con la visión sarmientina sino también con otras que le eran herederas. Para Peña, Quiroga no sólo no era el hombre cruel e irracional retratado por Sarmiento, sino que además había sido un lúcido representante de la causa de la Federación, que había levantado los justos reclamos de las provincias frente al poder central porteño.
La lectura de Peña suscitó fuertes polémicas en los círculos intelectuales de principios de siglo y algunos de sus planteos, al igual que los de Adolfo Saldías o Ernesto Quesada, sirvieron de base a las lecturas que realizaron un grupo de autores que, nucleados en torno al Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, recibirían luego el nombre de “revisionistas”. Si bien los escritos de Peña no tenían la perspectiva antiliberal y los móviles políticos que luego caracterizarían a los revisionistas de los años '30, abrieron la senda para la construcción de un panteón federal de héroes. Juan Manuel de Rosas sería la primera figura en concentrar los esfuerzos reivindicatorios de este grupo de escritores e intelectuales. En los años '60, con el surgimiento de nuevos grupos avocados a la tarea autoimpuesta de revisar el pasado, conocidos como “neorevisionistas” o “revisionistas de izquierda”, otros caudillos provinciales tendrían su hora.
Pero más allá de los matices y las distancias en las interpretaciones y operaciones que estos autores realizaron, lo cierto es que la discusión no dejaba de girar en torno a qué valoración hacer del accionar de los caudillos en el conjunto de la historia nacional. Héroes movidos por los más puros principios federales para unos, expresión de las fuerzas inorgánicas y bárbaras que entorpecieron la unidad nacional para otros.
Ahora bien, una verdadera renovación de los estudios sobre el caudillismo se produjo con los trabajos de Tulio Halperín Donghi y Juan Carlos Chiaramonte. Mientras que el primero llamó la atención sobre el papel que los caudillos cumplieron en la construcción de alianzas que sirvieron a la consolidación de los estados provinciales y sobre la relación entre los procesos de militarización y democratización que se encontraban en la base de su poder; el segundo, resaltó la importancia de esos estados provinciales como punto de partida para la construcción del Estado Nacional. Un poco más acá en el tiempo, los estudios de Noemí Goldman cuestionaron la imagen de los caudillos como líderes carismáticos que, mediante relaciones de patronazgo y clientelismo con las masas rurales, entraron en colisión con las viejas élites urbanas y sus intentos de institucionalizar ciertas normas de juego en el espacio provincial. Para la autora, el poder de los caudillos no excluye la apelación a instancias de legitimación basadas en las modernas formas de representación del constitucionalismo republicano ni tampoco las negociaciones y transacciones con las viejas élites urbanas. El caso elegido para desarrollar esas hipótesis fue, nuevamente, el de Facundo Quiroga y su accionar en el espacio riojano.
Los hechos de Barranca Yaco son conocidos: el 16 de febrero de 1835, la partida que llevaba a Facundo Quiroga de regreso a Buenos Aires fue atacada por otra partida de hombres bajo el mando de Santos Pérez, aliado de los hermanos Reinafé, dando muerte al caudillo riojano. Su muerte fue hábilmente utilizada por Rosas, quien agitando el fantasma del peligro unitario, exigió a la Sala de Representantes de Buenos Aires que le otorgaron nuevamente el cargo de gobernador con facultades extraordinarias, sumándole esta vez la suma del poder público. También reconfiguró la puja de poder entre los caudillos federales que habían suscrito al Pacto Federal en 1831, dándole a Rosas la oportunidad de acrecentar su poderío sobre las provincias litorales, debilitando a Estanislao López dada su cercanía con los hermanos responsabilizados del asesinato. Los hechos son conocidos, la cuestión está en cómo los interpretamos – y en qué dicen esas interpretaciones del presente en que vivimos.
Bibliografía:
Polastrelli, I. (2023). Disidencia política y judicialización en Buenos Aires entre la revolución y el rosismo. Universidad Nacional de Mar del Plata.
Goldman, N. (1993). Legalidad y legitimidad en el caudillismo. Juan Facundo Quiroga y La Rioja en el interior rioplatense (1810–1835). Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, tercera serie, (7), 1–30.
Micheletti, MG (2017). “Un epistolario que puede ser considerado como elemento de historia”: Amistades personales, sociabilidades intelectuales y proyectos editoriales a través de las cartas del archivo de David Peña (1862–1930). Anuario del Centro de Estudios Históricos “Prof. Carlos SA Segreti”. Centro de Estudios Históricos “Prof. Carlos SA Segreti”.
Halperín Donghi, T. (1993). La Confederación (1829–1852). Segunda parte: La política. En Historia argentina. De la revolución de independencia a la Confederación rosista. Buenos Aires: Paidós.
Ternavasio, M. (2008). Federal de Buenos Aires. En Historia de la Argentina 1806-1862. Buenos Aires: Siglo XXI.