Por: Bruno Vaccarini
Versos homenaje a los héroes y veteranos de Malvinas.
No me engañan leguleyos que hay tantos
y por luz de heroica gesta voy a cantarles.
Quisiera que mis cantos sean comparables
al trino del zorzal en el árbol.
Puede ser esfuerzo vano todo y todo credo,
falsa e inconducente la historia del hombre,
de papel los laureles y las medallas, de cobre.
Digamos como lapacho al tiempo: “a eso no cedo”.
En el rellano hacia la gran victoria
están los hombres que por la patria dieron
su vida y, así, participando del Eterno,
son de los vivos: farol y gloria.
Una virtud esgrimieron, gaucha
y por esto, imposible gritarles: “cobardes”,
virtud cabal y metafísica -sin alarde-,
aquella de “ande quiera hacer pata ancha”.
Malvinas es, con pulso de oración creyente,
una leve aspiración marítima que unifica,
en el curso del tiempo recto y martilleante
a las almas que interés vano dispersa y solidifica.
Si existe falso sentimiento en la tierra
lo verdadero es y debe ser: norma.
Nunca (jamás) lo malo transforma,
sino muta en fealdad, crimen o injusta guerra.
Ya clarea y la patria tiene una visión:
Ni ellos morirán totalmente
Ni moriré totalmente yo.
A la dudosa muerte de Juan Lavalle “El cóndor ciego”.
Lavalle!, tristeza de hombre
estoico y fugaz, que se va solo.
La patria, resignada, perdona todo
si arrepentido es tu nombre.
¡Pensar lo larga y ancha de tu pena!
¡Lavalle!, pobre Lavalle…
Largo y ancho como serrano valle
un eterno horizonte se te revela.
Desmesurado arrojo, fue alud…
Pero el de Navarro siempre te perdona,
tal vez porque en las caronas
lleva un sable de virtud.
Mas quiero calmar tu desengaño fiero,
que fatal padeciste en jujeño suelo
y que descanse tu alma de patriota sincero
como descansa la claridad del claro cielo;
con aquella nuestra bandera flameante
O con estas, mis palabras danzantes:
En soledad: traicionado o traidor,
de audaz estrella y frágil destino:
hallando consuelo de mujer y dolor,
tuvo nostalgia de argentino.
Cielito patriótico a lo Bartolomé Hidalgo
Cielito, quiero que sí,
que quiero que llegue
la de Rosas, Yrigoyen, Perón.
Pero “al cuete”, no vuelve.
Cielito, digo que sí,
Que todos parecen monos
Y bailan en la cumbiamba
el paso del “más choro”.
Cielito, cielo que no,
que no me larges una maldición
Mas bien largate entero
Sobre este presidente ladrón.
Cielito, cielo que sí,
Como dijo un poeta mudo:
“de promesas ya estamos hartos
si es por ellos vivimos desnudos”.
Cielito, cielito: lloro.
Cielito, cielo: ¡qué tristeza!
Al pedo cortar boleta,
Si siempre nos gobierna un loro.
Cielito, cielo bravo y vengativo
cielito, ese cielo que falta,
mientras retumba tu bramido
hacé que estiren la pata.
Cielito, cielo, ¡ahajá!
que bramás como potrillo
ya no se vé más la hora
Que llegue la del cuchillo.