ALIANZA PUEBLO - FUERZAS ARMADAS: REPARACIÓN HISTÓRICA O IMPOTENCIA GEOPOLÍTICA

20/04/2026 21:13:37
Por Pablo Garello

Los pibes corren, los adultos se agolpan, el ambiente frío se apodera de un frenesí colectivo. Estamos en Río Grande, Tierra del Fuego. Son las once de la noche del primero de abril y hacen 5 grados bajo cero.
 
A lo lejos se ven los soldados del batallón de infantería número 5, están recreando la toma de la casa del gobernador isleño. Se trata de la operación Rosario del 2 de abril de 1982. Después de casi 150 años, la bandera argentina volvió a flamear en las islas Malvinas y ahora a solo 500 km del archipiélago, se imitaba la acción bajo los aplausos de miles como  de personas.
 
En la vigilia por la gloriosa gesta de Malvinas, uno siente con alegría que la comunión Pueblo - Fuerzas armadas, puede reeditarse. Tanto en la noche del primero como en la jornada del dos durante el acto (cuando acontecen enormes desfiles militares del ejército, la armada y la fuerza aérea) uno percibe la admiración y el respeto del pueblo a sus soldados. Los niños boquiabiertos señalando el armamento, los adultos sacando fotos, las señoras grabando para facebook. Todos aplaudiendo. Algunos llorando.
 
A 50 años, el trauma del 76 parece disiparse, sin que eso implique perder memoria. El último golpe de estado ocurrido en la Argentina fue una catástrofe. Por la matanza de miles de compatriotas, por el industricidio y la financiarización económica, pero además, por la ruptura (que parecía definitiva) entre el ejército y la sociedad. Argentina, el octavo país más grande del mundo, que tiene un tercio de su territorio ocupado, que rebalsa de recursos naturales y que se proyecta como una daga a la Antártida, no puede darse cuenta del lujo de persistir en esa ruptura.
 
Nuestro país necesita reeditar la alianza pueblo - FFAA, como en sus mejores días. Eso no implica que los militares deban participar en política, eso implica que la sociedad civil debe volver a confiar en la institución para reequipar el instrumento de guerra, recuperar el pensamiento estratégico y pensar desde la defensa y la soberanía un mundo cada vez más conflictivo.
 
Las condiciones están dadas, en ambos lados del mostrador. Por el lado de la sociedad, según una encuesta de poliarquía (ver encuesta al final del artículo), las FFAA son la segunda institución del país (solo superada por la universidad) que más confianza generan. Por el lado del ejército (como suelen repetir sus integrantes) ya no queda ningún militar activo desde la época del golpe, incluso, la enorme mayoría de soldados nacidos en democracia. Se trata de un ejército profesional que no busca ni desea condicionar la democracia. Un ejército que tiene clara cuál es su tarea: defender a la Patria ante una agresión externa.
 
Pero, ¿por qué digo que los mejores días se encarnaron en esta alianza?
 
Bueno: repasemos la historia. San Martín liberando América de la mano de un ejército criollo, aborigen, afro. Popular. Rosas venciendo a la alianza anglofrancesa en las costas del Paraná junto al pueblo en armas. Ni hablar Perón, militar de carrera, 10 años docente en la escuela superior de guerra, agregado militar en Múltiples países. Un hombre de las fuerzas armadas que cimienta el movimiento popular más grande de América Latina.
 
Siempre que el ejército estuvo del lado del pueblo, la Argentina fue grande. Así lo demuestra también la historia del GOU (Grupo de Oficiales Unidos) y la revolución del 43, en la que me gustaría detenerme por el parecido a la actualidad.
 
EL GOU: RECUERDOS DE UN PRESENTE
 
Para entender la aparición del GOU hay que entender lo que pasaba desde 1930. En 1929 cae la bolsa de Wall Street y se produce la crisis más grande de la historia del capitalismo, año seguido ocurre el golpe de estado contra el gobierno de Hipólito Yrigoyen. La oligarquía, consolidada en el poder de la mano del liberal Agustín P. Justo, intenta profundizar el modelo agroexportador en tiempos donde se derrumban los precios de las materias primas. Si este modelo no alcanzó nunca para elevar el poder nacional y mejorar la calidad de vida de los argentinos, imaginensé después de una crisis semejante. Sin embargo, la oligarquía profundiza: en 1933 se firma el pacto Roca - Runciman (el estatuto legal del coloniaje, dirá Jauretche) en el cual el país se compromete a entregar sus carnes y cereales a precios ínfimos con tal de que Inglaterra los compre, entrega el control de los frigoríficos a empresas inglesas y abre la importación de forma total al carbón ya las manufacturas británicas.
 
Esto ahondaba los rasgos de la Argentina semicolonial. Un país que no controlaba ninguno de sus recursos estratégicos: ferrocarriles, comercio exterior, fletes, seguros, bancos y empresas de energía eran inglesas. En 1930, al igual que hoy, la Argentina decide abrazar al imperio en decadencia. Todo esto ocurriría en medio de una ola de desempleo, miseria y hambre. Fraude, corrupción y suicidio en masa describían una década de paupérrima para el pueblo argentino. En 1934, plena década infame, Discépolo escribirá:
 
 
El mundo fue y será una porquería, ya lo sé.
En el quinientos seis y en el dos mil también
Que siempre ha habido chorros
Maquiavelos y estafáos'
Contentos y amargaos, valores y dublé
Pero que el siglo veinte es un despliegue.
De maldá' insolente ya no hay quien lo niegue
Vivimos revolcaos en un merengue
Y en el mismo lodo todos manoseaos
 
Esa era la sensación: vivir en un lodo todos manoseados. Y allí aparece el Grupo de Oficiales Unidos, que adelanta su revuelta un día antes de la elección de Patrón Costa, de lo más rancio de la oligarquía anglófila, como candidato a presidente de los conservadores (era tan abusiva la dependencia, que el acto del anuncio se iba a hacer en la Cámara de Comercio Argentino Británica).
 
Dentro del grupo de militares nacionalistas, se encuentra el coronel Juan Domingo Perón. Todos ellos estaban formados en la doctrina militar prusiana y entendían que resultaba imposible defender el país en el mundo de la segunda guerra mundial, si no se llevaba adelante un ambicioso plan de desarrollo. La ecuación era muy simple: si Argentina seguía siendo una colonia británica que producía carne y pasto, y no controlaba la producción de acero, combustible, armamentos y otros bienes imprescindibles para la defensa, tarde o temprano podría sufrir un embate mortal de las grandes potencias.
 
De hecho, gran parte de las medidas que creemos que son del gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, son en realidad del proceso político anterior 43 - 45 (donde por supuesto, Perón tiene una influencia fundamental). Por ejemplo, el estatuto del peón es del año 1944 y la ley de asociaciones profesionales y el aguinaldo de 1945. De hecho, la Secretaría de Trabajo y Previsión desde donde Perón convoca a los obreros a un nuevo proyecto político y social se crea en el mismo año 43.
 
Con respecto a las medidas nacionalistas, en 1944, se crea la DINFIA (Dirección Nacional de Fabricaciones e Investigaciones Aeronáuticas), un organismo estatal para impulsar la producción industrial, especialmente en sectores estratégicos como la metalurgia y la aeronáutica. En esos años, además, se interviene en el mercado de granos y el sistema financiero, medidas que se profundizarán a partir de 1946 con la creación del IAPI y la estatización de los depósitos bancarios.
 
Sería equivocado, por lo tanto, escindir la revolución de 1943 de la historia del peronismo y de la alianza Pueblo - FFAA. Es allí donde comienza un proceso político de grandeza nacional y felicidad popular.
 
Volviendo al 2026. Es claro: estamos en la etapa anterior al GOU. Hoy nos toca vivir la podredumbre de la década infame de este Siglo XXI. Donde se repiten los mismos síntomas: apatía por la política, entrega nacional, crisis de valores morales, subordinación al imperio en declive (EEUU) y un profundo estancamiento económico. La pregunta que nos tenemos que hacer es cómo generar el proceso político que rompe con esta profunda decadencia. Y allí aparece la necesidad de recrear la alianza susodicha. Insisto: no para que los militares participen en política, sino para volver a dimensionar objetivos estratégicos, para educar a las clases dirigentes en una doctrina geopolítica nacional y liberada, para planificar a largo plazo sobre un territorio que está invadido y de este modo ejecutar un plan de desarrollo y de defensa.
 
Para cerrar, les comparto un dato: en 1983 el 3,5% del PBI nacional se destinaba a la defensa, hoy es solo un 0,5%, la cifra más baja de la historia. En un país gigantesco, rico e invadido. Una verdadera catástrofe.
 
Como digo siempre, la alianza pueblo fuerzas armadas deja de ser un deseo y pasa a ser una necesidad de sobrevivencia. Un objetivo existencial de cara a un mundo enloquecido. Hay que reequipar nuestro instrumento militar, establecer una comunión sana y virtuosa y planificar la Argentina Bicontinental, que sin dudas será de grandeza y felicidad.