Que llegar a casa no sea una conquista
Por Analía Rinaldi.
Hay cosas que hago sin pensarlas, son inconscientes: si voy en auto y llevo a una amiga a su casa, espero verla entrar antes de irme; si ella vuelve caminando, en colectivo o en remis, espero el mensaje de “amiga, llegué”. ¿Por qué en los pequeños tramos, sentimos que una mujer desaparece? Siempre espero el mensaje de que está a salvo.
Pero si noto que es una costumbre aprendida colectivamente de mis amigas, abuela, madre, como si fuera una estrategia que nos enseña a movernos en un espacio que habitamos sin libertad. Nosotras mapeamos el peligro: evitamos ciertas calles, modificamos horarios que sabemos que no hay gente, compartimos ubicación, nos acompañamos caminando unas cuadras... Lo injusto, resulta cotidiano.
Ana Falú habla del cuerpo como nuestro primer territorio, y esa idea me hace pensar: si nuestros propios cuerpos son territorios que todavía necesitan ser protegidos de la violencia, ¿cómo podemos habitar plenamente la casa, el barrio, la calle, la ciudad? Necesitamos reapropiarnos de nuestros cuerpos para poder ejercer nuestro derecho a ser ciudadanas. Porque el problema no es solamente tener miedo: sino que el miedo modifica la manera en que vivimos. El miedo decide por dónde caminamos, a qué hora volvemos, cuánto tardamos, a quién avisamos, qué lugares dejamos de frecuentar. Mientras tanto, el Estado debería garantizar que podamos habitar el espacio público. Falú, plantea la necesidad de pensar el urbanismo desde la desigualdad y desde la vida cotidiana de quienes habitan las ciudades, incorporando la experiencia de las mujeres y su derecho a una vida sin violencia.
Y ahí aparece algo que también aprendimos de manera colectiva, a cuidarnos. No de manera paternalista, sino reconociendo una realidad que compartimos, con gestos que también son políticos. No solucionan el problema, pero dicen algo: que queremos ocupar espacios que también nos pertenecen.
Por eso el 8 de Marzo (Día internacional de la mujer), el 3 de Junio en Argentina (Ni Una Menos) y el 25 de Noviembre (Día internacional de la Eliminación de la Violencia contra la mujer), no son fechas aisladas. Son días en los que hacemos visible, de manera colectiva, aquello que durante el resto del año muchas vivimos de manera cotidiana y silenciosa. Salimos a la calle para decir que nuestros cuerpos no son territorios de nadie, que queremos vivir libres de violencias y que también tenemos derecho a habitar ciudades.
No quiero que cuidarnos entre nosotras sea la única respuesta posible, quiero que algún día mi amiga pueda caminar sola todas las noches que quiera. Yo quiero que el miedo no organice nuestros recorridos. Y para eso necesitamos como sociedad preguntarnos: ¿Qué hacemos?, ¿Qué miramos? ¿Qué silenciamos? ¿Qué permitimos?
Nosotras queremos que la última mujer se una, entonces la revolución será total. Así se cambia un pensamiento, así se cambia la realidad.